Los privilegios en las empresas

¿En qué momento los beneficios laborales se convierten en privilegios disfuncionales?
Por: Lic. Laura Stejman.

 

 

Tema controvertido si los hay...

Vamos a imaginar una situación: supongamos que trabajamos en una fábrica (puede ser del rubro que gustes: metalúrgica… muebles.. plásticos.. la que desees)


En dicha empresa trabaja por ejemplo “Juan” en el área de operarios, y también trabaja “Pedro” que se desempeña en el área administrativa, como mando medio.


Juan, que es operario calificado, trabaja en el sector de la fábrica propiamente dicha: un galpón de amplias dimensiones, de techos altos y grandes portones para el ingreso y egreso de camiones. Juan diariamente está expuesto a las temperaturas extremas, al ruido de las máquinas,  virutas, líquidos que pueden manchar su uniforme, etc.


Por otra parte, Pedro, como responsable de administración,  trabaja dentro de una oficina privada y acondicionada; posee un amplio escritorio, una silla reclinable y herramientas informáticas adquiridas el año pasado.
Si le preguntáramos a cualquier persona cuál de los dos trabajadores posee mejores condiciones laborales, o cual trabajo es “más piola” nadie dudaría en responder que el trabajo de Pedro es mejor.


Hasta aquí, lo mencionado se denomina las “condiciones de trabajo”: vale decir: dichas condiciones son inherentes al contexto y a las funciones. Son las herramientas básicas que la empresa ofrece y necesita para que los labores puedan realizarse y que la empresa puede funcionar.


Ahora bien… volviendo al ejemplo, supongamos que tanto Juan como Pedro trabajan de lunes a viernes de 8 a 17 horas.  Ambos llegan a la fábrica en sus autos respectivos, pero, a diferencia de otros trabajadores, Pedro tiene asignada una de las pocas cocheras techadas y contiguas al ingreso principal.


Además, a diferencia de otros compañeros que trabajan en el área administrativa, algunos viernes Pedro se retira de la empresa a las 14 horas.


Aquí no estaríamos hablando de razones objetivas tales como:  “Pedro utiliza la cochera techada y más contigua al ingreso porque tiene una dificultad motriz” o “Pedro es quien abre la fábrica a primera hora, con lo cual por cuestiones de seguridad es fundamental que se estacione lo más cercano al ingreso”


Si analizamos puntualmente esta situación, dichos "beneficios" carecerían de una razón objetiva. Estamos hablando aquí entonces no de beneficios, sino de privilegios excesivos.


A ver… pensemos juntos.. ¿Por qué Pedro tiene esos privilegios?  ¿Sólo porque es el responsable administrativo? ¿Cuándo y en qué contexto se tomaron esas decisiones? ¿Qué relación existe entre esta situación y los demás aspectos culturales de la organización? ¿En qué momento los beneficios asignados se transformaron, poco a poco, en privilegios excesivos? ¿Cuáles son las representaciones y los aspectos simbólicos que se ponen en juego?


¿Acaso no sería una decisión estratégica y más adecuada que el “jefe” dé el ejemplo? ¿Existirán tal vez otras maneras de compartir los privilegios para que éstos se transformen en beneficios y dejen de ser privilegios excesivos? Claro que sí.


¿Qué diferencias existen entre los beneficios y los privilegios?


Los beneficios laborales se eligen y priorizan teniendo en cuenta la cultura de la organización y sobre todo pensando cómo son o qué valoran las personas que gozarán de esos beneficios.  Pero siempre desde una mirada organizacional, desde un beneficio global.
Estos beneficios pueden ser, por ejemplo, los festejos por los cumpleaños, festejos especiales invitando a la familias de los trabajadores, cursos o capacitaciones, cupones de descuento para diversos productos o servicios, el “free day” del día del cumpleaños, etc etc.. vale decir, son acciones concretas de marketing y motivación interna.


Como consecuencia, se espera que los beneficios que la empresa brinda formen parte del sentimiento de pertenencia de cada trabajador, revalidándose como privilegios positivos de carácter organizacional (el privilegio de trabajar en la empresa “X”)  y no como privilegios personales y arbitrarios.


En contrapartida, un privilegio de uso personal, (no organizacional) sería una especie de “beneficio excesivo” de los beneficios que el cargo recibe en adición o representación simbólica de sus funciones.


¿Por qué es fundamentar desnaturalizar los privilegios?


El motivo por el cual se hace necesario resignificar los privilegios excesivos en beneficios más democráticos y de carácter organizacional es bien simple y claro: es una cuestión de rentabilidad y eficiencia.


Los privilegios de uso individual son disfuncionales  para la empresa porque generan rispideces, sensación de inequidad,  y malestar en la mayoría de los trabajadores. Aparentemente, sólo se benefician los que reciben el privilegio, pero atrás de ello existe toda una masa de trabajadores que están desmotivados y que no cumplen los objetivos planteados.


Como conclusión, los privilegios individuales son una manera simbólica e inadecuada de legitimar ciertos espacios de poder. Sucede que el límite entre beneficios y privilegios a veces es muy fino. Con el paso del tiempo y en contextos donde coexisten aspectos culturales de la organización no resueltos, muchas acciones que comenzaron como beneficios terminan enquistándose, sin darse cuenta, como privilegios.


Es clave desnaturalizar los privilegios. Repensarlos. Cuestionarlos. Generar el cambio que sea necesario que contribuya a trabajar en una organización más rentable y saludable.


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